Reporte Número 11: Un Apartheid "Inmunitario" (PARTE 1)

Si la pandemia fuera una serie de TV, tendría temporadas y episodios. En una de esas series que cuentan una historia de principio a fin, habría temas que se irían imponiendo y tendrían una presencia cada vez más dramática. Ese es el caso con lo que pasa con el debate alrededor de la "Inmunidad de Rebaño". Lo primero que habría que señalar es que la forma en que se ha emplazado el debate, tiene cada vez menos que ver con el concepto en sí (un umbral de medición que permite calcular cuánta gente debería ser vacunada para poder controlar y bajar la circulación de un virus), para discutir el diseño de políticas públicas y cómo estas tendrían que ser sustentadas.

Lo comenté en otros reportes, pero hay que recordar cómo se cuela esta estrategia en la discusión pública. Empieza porque en el momento en que Europa se ve atravesada por el brote más importante (después del de China, a principios de marzo, con epicentro en Italia y España, pero con irradiación desigual a todos los países del continente), surge la necesidad de poner barreras de contención al virus.

Italia que fue la primera en perder el control a partir del 20 de febrero, rápidamente respondió con el aislamiento de la zona de Lombardía y luego extendió medidas de restricción de movilidad (cuarentena) en el resto del país pocos días más tarde. Cuando España también pierde el control de la situación alrededor del fin de semana del 7 y 8 de marzo, que desemboca en cierre de escuelas el 11 y en la cuarentena bajo estado de alarma a partir del 13, replica por urgencia y necesidad las medidas que ya llevaba Italia. El modelo de contención que tenía como antecedente la cuarentena estricta aplicada por China en Wuhan no se instaló en Europa con pocas controversias.

Entre medio ocurrieron otras situaciones más o menos notables. Estuvo el brote de Irán que desbordó su sistema sanitario y provocó muchas muertes (al que no se le prestó toda la atención debida porque como cualquiera que mira las noticias sabe, Irán es Irán). Aclaro, para los que no tienen el sentido del sarcasmo prendido, que este paréntesis no es porque sí. Todos saben ya que cualquiera puede ser afectado por el virus y es una idea que puede estar presente en los medios de comunicación, pero si uno no pertenece a los clubes más exclusivos del mundo, lo que le pasa (como a Irán, por ejemplo) es culpa de ser parte del persistente eje del mal, mientras que si eso mismo le pasa a uno los miembros exclusivos del club, solo son desgracias inevitables.

También ocurrió lo de Corea del Sur que durante unos días parecía ser la continuación de lo que pasó en China, pero lograron frenar el brote con intervención temprana y testeos. Su caso, como es de público conocimiento, sigue siendo ejemplar a la hora de pensar en una forma de gestión posible.

Con ese panorama Europa se encontró en medio de un descontrol creciente, que se tradujo rápidamente en un colapso de varios sistemas de salud. Con relativa distancia en el tiempo, caen Italia, España, Francia y Reino Unido. Entretanto, Alemania, con altísimas chances de repetir escenario, logra ir poniendo freno a la situación. Logra bajar más o menos rápido la circulación viral y consigue que su sistema no colapse. Así fue que en todos estos países el paradigma fue, con más o menos intensidad, imponer restricciones a la movilidad como fundamento para bajar los contagios.

Y las cuarentenas fueron el modelo a tomar, pero con un agregado: el brote de Nueva York. EEUU se vio de repente arrastrada a una situación similar a la de Europa. Y la opción sobre el qué hacer dependía de la acción del Gobierno. Trump decidió que no habría intervención y el Estado de NY y la Ciudad de NY decidieron que sí, que habría cuarentena.

Este comienzo de la historia fue fundacional a todos los debates que hoy seguimos sosteniendo. Enfoques restrictivos o enfoques aperturistas; de limitación de los contagios o de alentarlos. Eso estaba contenido en lo que pasó en los meses de marzo y abril.

Mientras en la mayor parte de las regiones en las que los estallidos llevaron a situaciones críticas se aplicaban cuarentenas, dos países proponían un enfoque distinto. Uno era Reino Unido y el otro Suecia. El planteo desde el Reino Unido apuntó pronto a una idea similar a la que conocemos hoy sobre la búsqueda de la "Inmunidad de Rebaño". Que la gente se contagie hasta el punto que se llegue al umbral de inmunidad. El planteo más extremo que hubo en su momento.

Pero una combinación del contagio de Boris Johnson con un sistema de salud colapsado obligó al Reino Unido a dar un volantazo feroz en su estrategia. El descontrol era tan grande y el crecimiento de la mortalidad tan desmedido, que tuvieron que plegarse a las medidas de reducción de movilidad. Eso pasó pocos días después que los otros países europeos, pero en medio de la crisis parecieron meses.

Así fue que solo Suecia persistió con este enfoque de no cerrar actividades. Yo mismo en varias oportunidades llamé al enfoque sueco como blando. Quiero corregir ese mal uso del concepto por dos razones.

La primera razón es periodística. La información que se ha recopilado en detalle en la Revista Science, en las últimas dos semanas. sobre la estrategia sanitaria sueca, indica que no solo se propició mantener abiertas las actividades de ocio y las escuelas, sino que ocurrieron episodios de consecuencias más graves. 

En el caso del uso de máscaras, por ejemplo, no solo se recomendó no llevarlas, sino que hubo actitudes punitivas en el sistema de salud hacia los médicos que las llevaban. El otro aspecto fue que en un marco de desborde del sistema sanitario y de un 14 por ciento de muertes que tuvieron lugar en residencias de ancianos, se siguieron protocolos de no recibir en los hospitales a gente mayor o con comorbilidades. Esta forma de gestión evitaba que las camas se llenaran porque ya se realizaba una exclusión en las admisiones. En los casos que estos problemas se focalizaron en personas mayores que no ingresaron al sistema, se proveyó de morfina para proveer reducciones del dolor o muertes "dignas".

La segunda razón es de concepto y de sesgo informativo. A partir de las medidas de China, los medios utilizaron reiteradamente la idea de que eran "medidas draconianas", que en realidad representa una idea de que una política es dura cuando restringe movilidad o economía, pero es blanda cuando no lo hace. Yo creo que es necesario invertir este criterio. 

Las políticas de protocolo estricto son de cuidado de la salud y las que proponen forzar el sistema hasta sus últimas consecuencias, al precio de dejar a la población expuesta a la arbitrariedad del triage, sí son duras. La dureza reside en la pérdida de vidas humanas, mientras que su protección es un acto compasivo. Para la economía la dureza se mide en cantidad de dinero y para la salud en pérdida de vidas. No hay posibilidad de pensar que hay un intercambio aceptable entre una cosa y otra.

Por eso es que los que proponen la estrategia de no limitar la circulación y apertura económicas dicen (argumentan) que eso genera más pobreza y *por ende* más muertes, y que las muertes que se evitan hoy solo se estarían posponiendo. Este enfoque eficientista es el que subyace en toda la discusión referida a la "Inmunidad de Rebaño", y no guarda relación alguna con lo que verdaderamente funda el concepto. Por eso si la conversación que se realiza sobre esto ha alterado su contexto y sus marcos, hay que devolverle el sentido.

Ubicar esta discusión en sus términos de origen es una manera de empezar a desmontar una operación informativa de largo alcance. La trama que la sustenta no es sencilla, pero hay que poder detectarla y ver cómo se ha ido desarrollando a lo largo de estos meses y cómo desemboca hoy. Este es un comienzo del análisis. Mañana, más.

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