Reporte Número 12: Un Apartheid "Inmunitario" (PARTE 2)
Siempre es tentador sacar conclusiones anticipadas. De lo que venimos viendo hasta hoy, la estrategia de la (mal llamada) "Inmunidad de Rebaño", podría parecer que solo representa una mala decisión apoyada en una pésima filosofía y una cuasi inexistente base científica. La mala decisión de buscarla, separando "saludables" de "vulnerables", pensando que al exacerbar las posibilidades de infección, se podría adquirir la inmunidad de manera lineal e inevitable.
Yo personalmente no creo que sus propios impulsores crean que esto es posible en los términos que lo imaginan. Por eso si Reino Unido y Suecia apostaron con antelación por esta alternativa es porque tiene que haber una racionalidad más allá de lo que se ve. Lo que se observa a simple vista no es racional, entonces tiene que haber algo que no vemos que le dé sustento.
Cuando hace unas semanas se filtró en la prensa la entrevista de Trump con Bob Woodward, y en ella Trump reconocía que a través de una conversación temprana con Xi Jinping supo de la gravedad del virus y que éste se transmitía por el aire, aparece con claridad que entre lo que se sabe y lo que se hace hay una brecha, y no es una brecha de comprensión.
Todos los negacionismos que podamos enumerar: cambio climático, megaminería, tabaco, violencia de género, racismo, el covid19; no están rivalizando (aunque a veces lo parezca) marcos epistemológicos enfrentados sino estrategias de gestión del status quo enfrentadas.
Si los lobbys que operan para negar cualquiera de estos temas invierten cantidades desmesuradas de dinero para discutir la evidencia científica y minar la credibilidad de la misma, es porque lo que está en conflicto no es tanto la "verdad", sino la continuidad de ciertas prácticas que se traducen en cuotas de poder real.
Ya llegará el momento en el que esto se estudie con precisión, pero quienes venimos siguiendo el rastro de las noticias desde que la OMS declaró la pandemia del SARS-CoV-2, sabemos que ha habido inversión sistemática en todos los estudios que propiciaran la idea de la adquisición temprana de la inmunidad de rebaño, o de que las inmunidades previas a otros coronavirus intervienen para crear inmunidad con este coronavirus, o que es posible diseñar modelos con "base científica" que apoyen la idea de que es posible crear una separación efectiva entre la población más susceptible y la menos susceptible.
Si uno desgrana los distintos argumentarios que se están utilizando para rebajar la peligrosidad del covid19, o para propiciar la idea de inmunidades rápidas o estables, o de bajas tasas de mortalidad, o lo que haga falta, allí se encontrará un estudio en el formato de pre-print (esto es que no ha sido revisado por pares científicos) que propone que tal o cual propuesta es posible.
El hecho al que hay que prestarle más atención es a que todos los argumentarios que niegan gravedad o proponen accesos fáciles a inmunidades estables, están elaborados para negar estrategias científicas contrastadas, ya sea por investigadores que vienen trabajando en estos campos desde hace décadas, como por la propia Organización Mundial de la Salud.
Si empezamos a desarticular los problemas que están directamente relacionados con las estrategias sanitarias a gran escala (que es el punto en que se convierten, también, en estrategias geopolíticas), podemos ver que lo que nos parece muy irracional, no lo es tanto.
El primer lugar en el que tenemos que posicionarnos para poder pensar en esto es desde dónde lo miramos. Y desde Occidente vamos a tener un contexto epistemológico bastante particular. Con esto quiero decir que para nosotros va a ser muy importante debatir sobre lo que EEUU o Europa quiera debatir. Y aquí en América Latina será más prioritaria que en ningún lado la estrategia que imponga EEUU. Pensemos solo en este detalle: dentro del marco de Occidente hubo dos estrategias distintas entre Europa y EEUU. Esta subdivisión estratégica no es ajena a anteriores subdivisiones que se plantea entre estas dos "zonas" y que históricamente han tenido diferencias de enfoque.
En un sentido hay que pensar que aún cuando Europa sigue siendo una referencia diferente de EEUU, si las estrategias prioritarias se compararan como dos curvas, podríamos ver cómo se van aproximando, hasta cuando conservan la distancia. La postura de EEUU y Europa respecto del cambio climático, del reconocimiento de los organismos internacionales, o de la participación en guerras, ha sido siempre dispar. Solo el Reino Unido fue siempre el apoyo incondicional a toda estrategia de EEUU, y ocasionalmente otros países a los que le convino variar el alineamiento.
De una forma o de otra hay líneas divisorias transcontinentales que juegan un papel de acuerdo al tipo de problema. Sin llegar a un concepto como el de halcones y palomas, sí se puede pensar que dentro de la divergencia de EEUU con Europa y sus acercamientos, la propensión a limar posturas con Europa se suele producir más con gobiernos demócratas y se tensiona más con gobiernos republicanos. En paralelo, los gobiernos socialdemócratas europeos han sido siempre más renuentes a quedar pegados con EEUU, mientras los conservadores y populistas de derecha los han considerado siempre sus aliados naturales. Este mismo panorama se ha visto modificado en Europa tanto antes como después de la crisis de 2008-2010. Hace muy poco tiempo se podía ver que Europa pre-crisis tenía mayoría de gobiernos y representación socialdemócrata, y ahora mayoritariamente centrista de derecha.
Se puede pensar que en medio de tantos cambios se encontrarían más aproximaciones, pero el mapa sigue teniendo otros matices en los que pensar. Así como en Europa se produjo un desplazamiento hacia la derecha en la representación política, en EEUU este desplazamiento fue más allá de lo que incluso las derechas conservadoras europeas pueden llegar a gestionar.
El "giro populista", por ponerle un nombre con cierto consenso, ha significado una mayor polarización en EEUU. El trumpismo ha producido un terremoto sobre todo en las filas conservadoras más clásicas del Partido Republicano. Una especie de salirse del mapa. El problema es que este proceso de radicalización de la derecha no es nuevo. Empezó a tensarse y a expandirse durante el gobierno de Reagan. Esto implica que aún cuando muchos republicanos puedan percibir a Trump y sus seguidores como extremos, el trasfondo ideológico y estratégico es tan común, abrevan tan seguido del mismo arroyo, que es muy difícil pensar que sus distancias son "impermeables".
Al comienzo de su gobierno, más quizás durante su campaña electoral, Trump fue muy resistido en las filas republicanas. Pero desde que se convirtió en presidente, las tensiones se fueron convirtiendo en alianzas. Seguramente muchas de esas alianzas son súper convenientes y muy condicionales, pero reflejan muy bien dónde se asienta el poder hoy.
Entonces, entre 2016 y 2020, lo que tenemos es un mapa más polarizado en todo el mundo, con una mayor inclinación hacia la derecha, con ciertos sectores conservadores manteniendo prudencial distancia de los sectores de derecha más extremos, y con una cierta deriva de los partidos socialdemócratas o filo socialdemócratas frente a este nuevo consenso.
El Brexit fue una clave en este nuevo escenario y la llegada de Trump, una confirmación. En el plano internacional la entrada de Bolsonaro fue otro cimiento y en una medida diferente, pero que hay considerar, el gobierno de Modi en India representa un refuerzo a estas tendencias. Se puede pensar en Putin, se puede pensar en Orban, se puede pensar en Salvini en Italia. Todas son señales de desplazamientos hacia líderes más extremos. La idea de la polarización más que representar un fenómeno de tendencias que se equilibran, tendría que mirarse más como un fuerte desplazamiento hacia las derechas más extremas en países con una influencia decisiva en lo que pasa en sus regiones y en el mundo.
Si esto es lo que está pasando, entonces los extremos por los que transita Trump no son irracionales, sino que representan fuerzas que son difíciles de estabilizar.
Uno de los mantras que más se repitió al comienzo de la pandemia, cuando se puso al rojo vivo la discusión entre economía y salud, apuntaba a decir que lo que pasaba era un "cisne negro". La expresión cisne negro o Black Swan, remite a un fenómeno inesperado y a la vez inevitable. Los que respaldaron un enfoque de protección de la salud en Europa, desde una visión más keynesiana o socialdemocrática, acudieron mucho a la imagen del Cisne Negro.
¿Cuál era el argumento? Si esto es un accidente, se va a recomponer rápido. La caída será grande, pero la recuperación vendrá pronto. Una recuperación en "V" o más gráficamente con la forma de una raíz cuadrada. El economista marxista Michael Roberts es uno de los que más ha insistido en que esto no es una casualidad, y que pensar la crisis del coronavirus como un Cisne Negro, es negar muchos datos que se daban en la realidad.
Roberts insiste en dos indicadores: él venía siguiendo la evolución de la economía desde 2016. Lo que notaba era que había muchas señales que preanunciaban una nueva crisis como la de 2008-10. Mirando lo que sucedía en los bancos, y con un horizonte de nuevas pequeñas burbujas, todo apuntaba a que el margen de maniobra financiero volvería a tropezar. Estas señales entre 2016 y fines de 2019 se agravaban, pero no desembocaban en una nueva crisis. Michael Roberts dijo en su último post de 2019 que él había estado diciendo cada fin de año desde 2016 que una nueva crisis ocurriría, y que se veía repitiendo la misma idea y la crisis no venía. En diciembre de 2019 dijo que -según él- era probable que eso ocurriera en 2020. Lo decía con un tono de auto sarcasmo, ya que él dejaba la puerta abierta a que las cosas se complicaran pero que durante un año más la sangre no llegara al río.
Sin embargo, a poco tiempo de decir eso, se desató la crisis del coronavirus. Y no nos olvidemos que esa crisis se vio magnificada por todas las circunstancias económicas como caídas de la bolsa, del precio del petróleo y una gran cantidad de otros problemas que durante unas semanas tuvieron forma apocalíptica.
Lo otro que recordó Roberts, después de que se desató la crisis del corona en el terreno de la economía, fue que la posibilidad de que un nuevo virus tipificado como "X" provocara una nueva pandemia, tipo la de 2003 o 2009, estaba sobre la mesa de los analistas internacionales hacía bastante tiempo. Con estos dos aspectos en curso, pensar que la crisis del coronavirus era un Cisne Negro, era más una imagen de condescendencia que un juicio ajustado.
Traigo a colación los planteos de Michael Roberts no solo por lo que fue previendo en sus análisis de los últimos años, sino porque en sus libros The Great Recession y The Long Depression, fue describiendo con todo detalle lo que ocurrió en la economía del mundo, aún antes que otros lo pasaran en limpio. Básicamente vio cómo se daría la crisis de 2008-10 y en qué desembocaría. No es que lo importante sea la predicción, sino que la consistencia de sus análisis estuvo cimentada por detectar los puntos calientes de la crisis económica por venir.
Hoy habría que pensar en que si lo que estamos viviendo no es un Cisne Negro, está afectado por antecedentes y contiene alguna previsibilidad, entonces sería posible entender más algunas cosas que pasan. Yo propondría que una es que la propia crisis (combinada) sanitaria y económica, es una oportunidad que se está explotando para redistribuir poder dentro del propio bloque occidental, y que parte de esto tiene un contexto geopolítico global (el conflicto con China), un contexto interior para EEUU (la resolución de tensiones de poder con los Demócratas), y un impacto directo sobre las economías articuladas con EEUU y en menor medida con Europa. A esto Argentina podría sumarle su propia situación con Brasil.
Lo que hoy está pasando en relación con el "combate" por la Inmunidad de Rebaño, habría que verlo bajo esta luz. No digo que agote ningún análisis posterior, pero podría ampliar el marco y nos permitiría no estar todo el tiempo centrados en un debate que parece táctico o moral, y en realidad es mucho más extenso.



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