Reporte Número 13: Un Apartheid "Inmunitario" (PARTE 3)

 En los dos reportes anteriores quise dar más contexto, y soy consciente que en la situación en la que nos encontramos podríamos dar tanto contexto como fuéramos capaces de producir.

En este reporte quiero ir un poco más sobre el territorio más específico de las tesis que hay en danza sobre "Inmunidad de Rebaño". No es la primera vez que hablo de ellas. Desde que empecé este blog las estoy refiriendo en distintos aspectos. Hoy quiero pensar un poco el tema de la Susceptibilidad y de la Inmunidad en sí.

Los que abogan por la estrategia de la Inmunidad de Rebaño suelen utilizar para realizar sus cálculos dos referencias: 1) los cálculos matemáticos; 2) la estabilidad de la inmunidad "adquirida".

En los términos matemáticos, usan los cálculos que dan como resultado el Umbral de Inmunidad de Rebaño (HIT en sus siglas en inglés). De acuerdo a los datos disponibles en la actualidad sobre el SARS-CoV-2, para un número reproductivo de 2,5 infecciones por persona infectada, la vacunación tendría que alcanzar un umbral del 60 por ciento para que se pueda considerar que se alcanzó el HIT. Ese porcentaje no es un valor fijo. Pero que no sea fijo no indica que tenga una variabilidad arbitraria. Esto significa que el 60 por ciento de personas que tendría que ser vacunada para que una persona infectada no encuentre otra persona susceptible a la cual contagiar, es un cálculo de seguridad. Como tal es un cálculo de apreciación que se puede evaluar a un nivel macro, pero que si se lo observa en situaciones micro, puede variar mucho.

Una de las cuestiones que tenemos que pensar es que no aplica en este cálculo el carácter transitivo. Si nos atenemos a la idea del 60 por ciento como un número "real", esto indicaría que cada vez que se alcance un 60 por ciento de infecciones en un área dada, el efecto inmediato sería que la inmunidad estaría creada, pararían los contagios y retrocederían en consecuencia.

Supongamos un edificio en el que vivieran 100 personas. Si tomáramos a la gente como unidades en estado de conexión "total", podríamos pensar que cuando se llega al contagio 60, inevitablemente la curva retrocede. Pero si cada casa tuviera un promedio de 5 habitantes (20 casas), este esquema presentaría variables importantes. Por ejemplo, dentro de una casa, por mejor aislada que estuviera si un solo integrante se infectara, el resultado no sería que cada casa tendría tres infectados (el 60 por ciento) y dos no. Lo que ocurriría es que los 5 se infectarían. Podrían cursar la enfermedad de manera desigual, pero se infectarían de todas maneras.

Si seguimos con las lógicas transitivas, si en 12 de las 20 casas se infectan por intercambios puntuales con los otros (uso de un ascensor mal ventilado), esto no agotaría las posibilidades de contagio. En situaciones de este tipo, donde cada persona de las 100 es potencialmente susceptible, y se exponen en el interior o en el exterior, las probabilidades de que todo el edificio se infecte es muy alta. Casi total, podría decirse.

¿Qué evitaría que todos se infectaran? No sería por la exposición que podrían tener entre sí, sino por la brecha de tiempo que hubiera entre infecciones..

Este escenario que estoy planteando es un escenario donde no hay controles ni medidas de mitigación. Es el virus moviéndose solo. Pero aún si hubiera algún tipo de medida: como que salen cuatro personas por día, una de cada cuatro casas y usan el mismo ascensor sin ventilación, las probabilidades de que en pocos días las 100 terminen contagiadas es muy sencilla. Para que eso no pasara tendría que intervenir el azar o dejar un espacio de tiempo para que los infectados dejen de ser contagiosos.

Cuestión: no es la proporcionalidad la que determina la cantidad de infecciones, sino (y ante todo) la oportunidad.

El que una cantidad de personas infectadas pueda contagiar a otras depende de la disponibilidad real de otras personas para ser contagiadas. El 60 por ciento, el 43 por ciento, o el 20 por ciento, no son ni números fijos ni umbrales mágicos a partir de los cuales se acaba la posibilidad de contagiar o ser contagiado. Son referencias.

Adam Kucharski planteó en uno de sus hilos que en un escenario de contagios sin medidas de control, la probabilidad es que se contagie alrededor del 80 por ciento de los susceptibles. Esta aclaración es porque ninguna de las cifras sugeridas como umbral funcionan como si fueran mecanismos de seguridad, que cuando la aguja marca la zona roja "predeterminada", se desata una baja de la presión para que la caldera no estalle.

Hay más aproximaciones a esta misma idea. Una que circuló mucho y se estudió en detalle, fue la de los pescadores que salieron a faenar. La tripulación era de 120-22 personas, y aun cuando tres de esas personas tenían inmunidad previa por haber ya cursado la enfermedad, alrededor del 87 por ciento de la tripulación resultó infectada a partir de un único contagiado.

La idea es que si bien el umbral es un cálculo social, en la práctica lo que determina la difusión de las infecciones es la oportunidad.

En el modelo que propone Kucharski en su libro The Rules of Contagion, está el modelo DOTS, cuyo resultado daría el número Reproductivo del virus.

DOTS se compone de los siguientes puntos: Duración; Oportunidad; Transmisión Probable; y Susceptibilidad.

La Susceptibilidad en cualquier escenario donde empieza un brote, es 100. Es 100 a nivel global, nacional, regional, y hasta habitacional. Toda persona no contagiada es susceptible de contagiarse. El alcance de los contagios dependerá de los otros aspectos. Pero lo primero a tener en cuenta es que cuanto mayor es el universo de susceptibles, más unidades grupales contiene o puede contener. Muchas son estables y muchas son transitorias. Esas unidades menores, reducidas a cierto espacio y tiempo, son denominadas conglomerados o aglomerados, o clusters, en inglés. 

Por ejemplo, un brote en un edificio, en un barrio, en una región, suele esparcirse por clusters y, en principio, siempre que haya disponibilidad de susceptibles, el contagio se extenderá. No habrá freno natural a ese contagio ni agotamiento previsible. Solo lo frena una combinación de factores que empieza (o puede empezar) por la falta de Oportunidad.

La Oportunidad define ocasiones de encuentro entre un infectado y un susceptible. Es lo que yo ponía en el ejemplo del ascensor. Mientras que haya un espacio de transmisión y una persona en capacidad de contagiar y otra de ser contagiada, no hay umbral teórico que impida que esto se produzca. Y en cualquier caso para que ese umbral teórico opere, es necesario no un curso natural de los contagios, sino la intervención humana.

Volvamos a Kucharski. Aunque los cálculos den 60 por ciento como umbral, el contagio sin control no se cortaría en el 60 de forma automática. Llegaría como mínimo al 80 por ciento antes de agotar las posibilidades de contagio en un escenario de caída libre.

Entonces, ¿por qué se habla de porcentajes más bajos como 43 por ciento o 20 por ciento?

No me voy a detener en el cálculo del 43 y sí en el del 20, que es el que más hemos visto en las primeras olas de contagio en el mundo. Hay muchos factores que intervienen. Uno de los factores son las medidas preexistentes. Medidas que impiden aglomeraciones tipo espectáculos musicales o deportivos, concentraciones o clases, han establecido un umbral de movilidad que en sí mismo ya actúa como un limitador. Aun cuando cueste definir su influencia concreta, genera un bloqueo de hecho en la cantidad de oportunidades de encuentros entre dos personas.

De todos los ciclos de encuentros más típicos que se me ocurren está el de las clases. Padres llevando y trayendo chicos a la escuela. Esa cantidad de personas que hoy no entra en contacto directo, tiene limitada la posibilidad de contagio. Pueden contagiarse en otros lugares, pero las escuelas como incubadoras de contactos los limitan. Este tema es uno de los más complejos porque se le suma un aspecto más moral que práctico (la pérdida de contactos sociales de los niños), pero en los hechos es casi la zona roja del termostato que -todavía- no estamos forzando y mientras eso dure habrá algo más de seguridad. Pero volvamos al 20 por ciento. 

A medida que las medidas de distanciamiento cumplen una función, sean estas las que fueren, aparece un umbral de contagios en el cual la oportunidad de contacto entre un infectado y un susceptible, se reduce. No tenemos contacto abierto con todo el mundo, sino con una cadena proporcional de relaciones que, en algún momento, se agota. Cuando progresivamente esa cadena de contactos se va acabando, reduce la frecuencia y la capacidad de saltar de una cadena a otra, entonces los contagios también retroceden.

Esto no significa que se llega a una Inmunidad de Rebaño ni que se acabarán los contagios. Solo significa que en las condiciones dadas, en el marco de oportunidades existentes para que el contagio salte de una persona a otra, se reduce. Esa reducción mantiene un cierto equilibrio y hasta desaceleración en los contagios, pero en el momento en que se abra una vía de comunicación entre un cluster y otro, y que se produzcan nuevos escenarios de supercontagio, entonces se repetirán las curvas crecientes.

Esto es por varias razones. La fundamental es la ya dicha: no hay un límite al contagio per se. Sólo hay límite a las oportunidades de que el contagio se produzca. Después está las características propias del SARS-CoV-2 y sus otros primos coronavirus. Hasta ahora solo se ve en ellos una inmunidad limitada en el tiempo y con la posibilidad de reinfección. Esto es que a diferencia de la tesis de los partidarios de la Inmunidad de Rebaño, no solo no existe un umbral fijo de inmunidad, sino que tampoco existe una estabilidad de la inmunidad en sí. Esto implica que se puede perder, que se puede reinfectar, que a pesar de haber cursado la enfermedad se puede seguir contagiando. Cada detalle cuenta. Y lo que cuenta es que no hay todavía ningún elemento que permita pensar en un "piso" inmunitario. No se puede decir que el que lo ganó, lo tiene hasta el fin de sus días. Cualquier inmunidad que podamos hablar ahora es condicional y hay que tratarla con ese grado de precariedad.

Por eso cuando los que abogan por la IR y por propiciar los contagios, proponen un umbral de inmunidad adquirida que ni existe, ni se conoce y mucho menos ellos conocen. Ellos solo han llegado a aproximar ciertos datos (que han sido refutados) pero ninguno que ofrezca seguridad. Uno de los que más intentaron promover es que las infecciones previas con otros coronavirus otorgan inmunidad al SARS-CoV-2. La respuesta obvia a esa aserción es que cuanto más lo que puede proveer una infección previa es la posibilidad de cursar la enfermedad con menos gravedad que otro que no posee esa inmunidad. Pero tampoco es algo sobre lo que haya que poner las manos en el fuego. Pienso en este mismo momento en la cantidad de gente mayor que anualmente se vacuna contra la influenza. Si la lógica inmunitaria que considera este factor fuera verdadera, entonces: a) la mayor parte de las personas mayores (vacunadas, obviamente) estarían inmunizadas; b) todos los que hayan cursado alguna variante de coronavirus, también.

Bueno, esto no es lo que está ocurriendo. La gente mayor que se infecta tiene más probabilidades de morir, los que tienen comorbilidades también fallecen, y así se pueden ir sumando circunstancias. No digo que sea excluyente esa posibilidad de encontrar casos de mayor inmunidad en algunas personas, pero no hay datos demográficamente sustantivos que apoyen esta idea.

A mi manera de ver el tema está en entender más sobre la susceptibilidad y entender que esta existe, que es desigual y que no se despliega -frente a la infección- de la misma manera. Pero eso es algo que dejo para el post siguiente.

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