REPORTE NÚMERO 16: ESTACIONALIDADES
Para darle un recorrido al tema, empezaría por pensar que para los brotes iniciales de la pandemia fuera de China (o para ser más precisos fuera de Asia, ya que en varios países asiáticos cercanos a China hubo impacto del SARS-CoV-2 antes que en Europa) se puede fijar una fecha común de principios a mediados de marzo. Se calcula que países que tuvieron situaciones críticas en marzo, como Italia y España, ya tenían el virus circulando por el territorio desde febrero, pero los casos sintomáticos recién hicieron eclosión en marzo.
Marzo fue tal vez el mes sincrónico en que el virus salió a diseminarse por el mundo. Y eso tuvo efectos desiguales en función de cada país, pero sobre todo tomando en cuenta su relación hemisférica.
Los países de Europa que estuvieron más complicados, aún al borde de su primavera, pudieron desplegar una estrategia que les permitió bajar la circulación viral y esa estrategia encadenó con meses de mayor calor, a poca distancia del verano.
Se ha dicho con insistencia (y se ha demostrado) que el virus no es estacional. Pero técnicamente nosotros sí lo somos. Esto es que cuando la temperatura es favorable a que el aire circule dentro de las casas y que nosotros pasemos más tiempo al aire libre, las probabilidades de cruzarnos con el virus son más bajas.
Tomemos España que es un lugar donde también estuve durante esas fechas. Entre el 20 de marzo que se llegaron a unos 10 mil casos diarios confirmados al 2 de mayo con 1200 casos confirmados, podemos ver una diferencia consistente. Esa bajada no quedó en ese punto. Desde esa fecha hasta el 2 de julio (2 meses más tarde) se logró una bajada en los casos confirmados a cantidades que rondaron los 200, 300 o 400, dependiendo del día.
Si estos son los números de casos confirmados, sabíamos entonces que muchos casos asintomáticos quedaban fuera de radar. En aquellos primero meses se hablaba de que por cada caso confirmado había que multiplicar por 10, como para estimar la cantidad de casos totales. En la actualidad, una de las diferencias que se trata de establecer entre la primera ola y esta segunda ola, se apoyaría en la idea de que los números de casos confirmados hoy surgirían a partir de un mejor sistema de testeo, y que si se comparan Ola 1 con Ola 2, se podría ver que la 2 no sería tan "grave" ya que el testeo vendría detectando los casos con más precisión.
Esta comparación en bloque suele ser sostenida por quienes prefieren restarle gravedad a la pandemia. Los especialistas explican que aun en el caso de un mejor testeo, el crecimiento en los contagios está disparado de todas maneras y ese es el dato que hay que tener en cuenta. No solo por el dato en sí, sino porque a un mes de distancia de encontrar a personas afectadas con síntomas, algunas de ellas fallecerán. Entender la progresión en ese contexto no ofrece ninguna dificultad, salvo que no se quiera comprender lo que está pasando.
Primera cuestión al respecto, entonces: cuando los brotes de marzo/abril se produjeron, los países más poblados de Europa tomaron medidas de restricción para bajar la mortalidad y sacar a sus sistemas de salud del colapso. Esa bajada que provocaron las cuarentenas se fueron encadenando con el clima favorable del último tramo de la primavera y el comienzo del verano. Europa entendió ese cambio de escenario como una oportunidad para impulsar el turismo, sobre todo en países como España que recibe turistas de la Europa fría. Mayormente británicos y alemanes.
Que España fuera el primer país en sufrir los nuevos brotes fuertes de la segunda ola, llevó a que se llegara a una primera conclusión: la reapertura rápida y a las apuradas, como para acumular lo máximo que se pudiera de la temporada, sin controles serios, provocó la nueva crisis. Pero unas semanas más tarde el brote de España fue acompañado por países como Francia, y hasta la cuidadosa Alemania entró en un ritmo de contagios mayor al esperado.
Esto está pasando a menos de un mes y medio de entrado el otoño septentrional. Tal vez las relajaciones del verano sean la respuesta más segura en todos los casos, y que España se disparara antes sería porque es un país que relajó más. Esa es una explicación. Yo pienso que debe haber una segunda y es que todos esos casos no detectados de la primera ola fueron sedimentando y extendiéndose en cada país. Si bien las primeras olas habían sido intensas en ciudades y regiones delimitadas, la primera impresión que se podría tener es que la segunda ola ya no está tan concentrada.
Si bien los brotes más fuertes se producen en zonas con mayor densidad demográfica, no hay que dejar de ver que ya no están tan circunscriptos. Dicho de otra manera: si la transmisión comunitaria de marzo/abril estaba regionalizada, ahora es mucho más comunitaria y extendida que entonces. Esa extensión geográfica sumada a una base más amplia de contagios podría ser un elemento clave para descifrar lo que pasa hoy en Europa.
Esta situación de extensión tiene su correspondencia con algo que está pasando con el virus a nivel global. Si a fines de marzo no se llegaba a un millón de casos acumulados confirmados en el mundo, hoy estamos llegando a los 50 millones de casos. 50 veces más que hace 7 meses.
Lo que indica esto es que el virus ha penetrado más en el mundo que antes. Y si seguimos las pautas de los países donde los brotes son más extensos, podemos decir que la sucesión Europa-Nueva York-América Latina-Europa (Ola 2), nos muestra dos cosas: 1) que los focos siguen siendo principalmente los mismos países, aunque no sean epicentro constante (EEUU sí lo puede ser); 2) que la lógica del virus es no de encogimiento sino de expansión.
Aunque este análisis se venga focalizando en la situación de la segunda ola europea, mi mirada está más puesta en lo que puede ocurrir en Argentina en los próximos meses. No se puede equiparar nada a priori, pero sí tener en cuenta que el momento en el cual se puede notar una baja en los contagios coincide con la influencia estacional. Esto sería que más gente volcada a espacios abiertos tendría menos probabilidades de contagiarse que lo que sucedió en los meses de septiembre y mitad de octubre. No solo por la temperatura, sino por los datos. Si la lógica estacional funciona, esto permitiría esperar una bajada de la circulación viral en los próximos 3-4 meses.
Pero yo remacharía en un dato. La bajada no se sustenta en algo propio del virus, sino en las formas de interacción de la gente. El dónde, el qué y el cómo. Esto lleva a la pregunta de ¿cuánto sería una reducción significativa de la circulación viral para que el dato sea socialmente relevante?
España bajó de 10 mil a 1000 a 300. 300 casos confirmados diarios fue una cifra que se mantuvo constante durante dos meses. 300 casos luego de un ciclo de brote, pico y bajada.
La tendencia de un brote puede decir mucho de su continuidad. Argentina hasta fines de abril pudo tener una situación de tipo baja y controlada, comparable a lo que fueron los dos meses de estabilidad a la baja en España. Pero desde mayo en adelante, cada semana los contagios fueron más altos que la anterior, y la tendencia no cedió hasta que se llegaron a los 18 mil casos diarios de hace dos semanas. España y Argentina tienen una población parecida (cercana a los 50 millones), con lo cual ese dato es numéricamente atendible. Y aquí la duda: ¿puede Argentina llegar a una reducción de los casos confirmados diarios de, digamos, 500 casos diarios en lo que dure el verano? ¿Con qué tendencialidad?
Esas son preguntas que no se responden hoy, pero que tendrán tres momentos para responderse antes de que llegue el nuevo otoño:
Momento 1) las fiestas. Esas fechas podrán dar una pauta importante sobre la situación probable. Cuando se pase los primeros días de enero, deberíamos de poder comparar cuántos casos confirmados diarios hay y ver la tendencia que allí se marca. Si los casos no han llegado a una baja cercana a los 500 confirmados diarios y van en alza, habría que preocuparse.
Momento 2) el verano. La consecución cultural lógica de Argentina es que después de las fiestas vienen las vacaciones. Esto planteará nuevos problemas. No ya de cantidad, sino de geografía. La cantidad influirá en la circulación viral. Si es muy alta, las probabilidades de exportar las infecciones a lugares con baja circulación viral, será imparable. Esto hará que lo que se lleve a otras ciudades, quede en reserva y será lo que se magnifique cuando se acerquen tiempos más frescos.
Momento 3) las clases. Si nos atenemos a los antecedentes de lo que viene ocurriendo hasta hoy, ya se discuta más o menos sobre el estado de la circulación viral, la probabilidad más grande es que los más chicos vuelvan a clase. Los que discuten sobre la inmunología infantil deberían de abandonar de una vez por todas los enfoques ingenuos y concentrarse en los dos problemas reales que hay ahí: El primer problema es que el objetivo de la vuelta a clases no es educativo sino de búsqueda del incremento de la movilidad. El segundo problema es que esa modificación influirá en la interacción y en el transporte, el público sobre todo.
De los tres momentos, el de las clases será el más crítico. Lo será porque va a ocurrir sin importar las advertencias que se hagan, ya que hasta hoy cada vez que la oposición y los medios determinaron una agenda, esa agenda se resolvió a su favor. Así es que en marzo, deberíamos ver qué correlación se establece entre casos confirmados diarios respecto de lo que tenemos hoy, cuando se produce un descenso. ¿Cuál será el punto más bajo? ¿Cuál será su duración? ¿En qué momento se revertirá la tendencia?
No paso por alto la cuestión de que en estos meses podría saberse algo más de la vacuna. Mi impresión es que un escenario de vacunación no tendría lugar antes de marzo. Sea por los tiempos de aprobación de las que están en curso, como del propio desenvolvimiento logístico que habrá. Mi sensación es que de aquí a marzo de 2021 iremos acumulando un panorama no muy diferente al actual en este sentido: no habrá intervenciones. Se esperará que los descensos posibles en contagios sean más producto del tiempo favorable que de la acción individual o colectiva.
Si la lógica de decrecimientos y crecimientos tiene alguna correspondencia, quizás se pueda parecer a EEUU que va por su tercera ola. ¿En qué sentido? En que la curva de EEUU es consistentemente endémica.




Muy completo el análisis. Con la evolución de la pandemia, de la gestión sanitaria y del comportamiento social hasta el presente en el país, creo que nos esperan meses difíciles. Con los niveles de casos aún elevados me parece una imprudencia importante el pase de ASPO a DISPO y alarmante el nivel de aperturas. Algunas expectativas son azarosas, depositadas en la baja estacional y en la llegada de las vacunas que aún no tienen eficacia cabalmente demostrada. Algo no cambia: al virus lo transportan las personas cuando se movilizan, cuando dejan de guardar los cuidados profilácticos que todos conocemos. Sumemos más y más aperturas, la falta de campañas de información sobre aerosoles (que sean predominantes en ambientes cerrados y mal ventilados, no significa que al aire libre sean inocuos, disminuye la cantidad por efecto del aire, siempre que circule, pero existen y contagian). ¿Qué más podría salir mal? Creo que tenemos que ser realistas, son tiempos de sostener los mayores cuidados que podamos para evitar posibles males mayores. Desde el campo del deseo: ojalá me equivoque y esta pesadilla global se revierta más temprano que tarde.
ResponderEliminarRecién veo el comentario. Sí. Estoy en un todo de acuerdo. Es la perspectiva difícil que tenemos. Y dentro de las dificultades veo que hay muchas personas que estamos intentando estar atentas a las señales que nos ofrece la realidad. Esto es si los casos dejan de bajar y suben de nuevo, cómo y a qué ritmo.
EliminarLo que sí necesitamos es que las autoridades a cargo de cada área, desde la política nacional hacia abajo, tomen nota de que hay medidas que se pueden tomar desde ahora. Y si no quieren que sean "cierres", por lo menos se podría no persistir con las "aperturas".